El twitter se acomoda como nueva placa en la corteza mediática chilena post-terremoto


Nos encontramos en un momento de transición medial, marcada por la cuota de poder que han asumido las audiencias a través de su participación como proveedores de noticias.

Por Washington Arís Torrealba, MSc.
Periodista
Docente Escuela de Comunicaciones UDLA

El fenómeno sísmico del 27 de febrero acarreó catastróficas consecuencias humanas, materiales, económicas, políticas y sociales. Sin embargo, en el escenario nacional marcó el bautismo de fuego de un nuevo medio de comunicación, cuya múltiple funcionalidad puede cambiar acentuadamente el modo en que los medios se vinculan con sus audiencias.  Me refiero a Twitter .

Este sistema de redes, basado en un esquema de líderes y seguidores que pueden intercambiar mensajes de hasta 140 caracteres, había insinuado su potencialidad en las elecciones presidenciales y parlamentarias de diciembre. A lo largo de la campaña algunos candidatos lo usaron como recurso, para difundir consignas, acciones o juicios a sus adherentes. Así, propagaron sus puntos de vista a través de una potente dispersión piramidal.

No evaluaré aquí si el recurso Twitter fue bien, regular o mal empleado en tal ocasión, pero debo consignar que su empleo, unido al de YouTube, marcó el momento en que Chile cruzó el umbral de la propaganda 2.0. Fue un tiempo en que las “asambleas virtuales” construidas sobre las redes de contactos, tomaron los mensajes de los políticos y los asumieron, rechazaron, debatieron, o se mofaron de ellos. Miembros de una misma familia o grupo de amigos ahora discutieron en la red y hasta vociferaron digitalmente. Nos embarcamos así en el “net-campaigning” justo después de elecciones en Estados Unidos y el Reino Unido, con efectos positivos y perversos.

Con todo, Twitterse mantenía como un recuso relativamente contenido, que no generaba agenda.  El fenómeno cambió radicalmente al mostrarse ante las audiencias no digitales durante la cobertura de la elección misma, en diciembre. Ocurrió gracias a algunos espacios en la televisión abierta, cuando se acogieron y divulgaron resultados de mesas y denuncias de votos marcados enviados por twitteros. Con el transcurrir del día fueron ganando legitimidad pues se destinaron franjas para transmitirlos directamente.

Semanas después, Felipe Camiroaga y Soledad Onetto, simultáneamente con sus roles como animadores del Festival de la Canción en Viña del Mar, enviaban y recibían tweets de sus fans, para comentar el espectáculo. De esta manera, el proceso de acomodación de esta tecnología dio un paso gigante, “en vivo y en directo”. Habrá que investigar si hubo correlación entre la visibilidad de este fenómeno y el número de usuarios.

Hasta aquí, los mensajes de 140 caracteres iban cumpliendo un rol contextual. Se mantenía la preeminencia vertical de la organización mediática para seleccionar la información y determinar, con ello, cuáles eran los hechos.
Sin embargo, al cierre del festival, cuando ocurre el terremoto a las 03:34:17 del sábado 27 de febrero de 2010, sobreviene un cambio que repercutirá en varias dimensiones. Si lo analizamos en un primer nivel pragmático, observamos que las redes formales del aparato público tanto como del medial, fallaron. En las primeras horas la escasez de corresponsales e informantes impedía configurar una dimensión acotada del cataclismo y transmitirla a las audiencias. En las horas y días siguientes el escenario no cambió sustantivamente. Ante este desafío, los medios comienzan a operar desde un nuevo paradigma: priorizando el re-definir la realidad y orientar a la ciudadanía, se dejaron orientar por esta misma ciudadanía, confiando a las elites más tecnocratizadas el desafío de proveer datos.

Así, en la medida en que funcionaron equipos móviles de comunicación y la red se recuperó del colapso, fueron las audiencias - mediante los tweets - las que proveyeron de información a los medios, a presentadores de noticias y animadores. Y éstos, privados de una red profesional de suficiente respaldo, retransmitieron tales datos seleccionándolos en directo, en cámara.
Cabe revisar, entonces, cuánto se alteró el diagrama de flujo de la información, puesto que la pauta informativa se percibía reactiva ante las demandas ciudadanas, surgidas desde pueblos o barrios arrasados que reclamaban atención tanto de las autoridades como de los medios.

Y tales demandas, esta vez, se expresaron como datos, información,  contextualización y acción. En cierto modo, la gente fue fuente y encodificadora del discurso medial. Incluso, a través de los medios, su accionar comunicativo paralizó decisiones de autoridades. Tal fue el caso de Concepción, cuya entonces alcaldesa disponía la detonación de algunos edificios en cuyo interior todavía se buscaban víctimas. Así, radio Cooperativa informó en su página web: “Alcaldesa de Concepción ya firmó cinco decretos de demolición: Jacqueline Van Rysselberghe pidió ayuda de un experto canadiense para colaborar con la detonación.”

Si nos atenemos a la historia de las innovaciones mediales, cabe recordar que la radio se concibió (por Marconi) como un instrumento de comunicación inalámbrico para conexiones entre barcos y de barcos con costa. Y, en pocos lustros, se transformó en un soporte tecnológico que permitía a organizaciones mediales el alcanzar audiencias dispersas.
Un siglo más tarde, Twitter surgió como competencia de Facebook y de otras redes, para facilitar la vehiculación de mensajes breves, desde equipos móviles, a redes de amigos. Sin embargo, una circunstancia de crisis, como el terremoto, transformó estos núcleos desestructurados en unidades de fuente – encodificador que representaron visiones ciudadanas bajo circunstancias cruciales. En Inglaterra y Estados Unidos se manifestaron como un síntoma de opinión pública política y fueron referentes de grandes cambios, como la elección del primer Presidente negro en Norteamérica y la destitución del speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes en el Reino Unido.

Nos encontramos en un momento de transición medial, marcada por la cuota de poder que han asumido las audiencias a través de su participación como proveedores de noticias. Si la agenda ciudadana ha impregnado la agenda medial, ¿estarán las audiencias dispuestas a renunciar a estos avances? Consiguiente problema: ¿podrán las estructuras mediales aprender con suficiente rapidez a ser lo suficientemente flexibles para absorber la resultante co-construcción de las pautas informativas? ¿O su eventual desatención alentará a la base social a estructurar redes ciudadanas de información que vehiculen lo que realmente les importa a través de canales paralelos, que las nuevas tecnologías tanto facilitan?

Un dato debe darse por seguro: en este campo cabe esperar numerosas réplicas.

N. del A.- Twitter es el pájaro que, a poco de nacido y aún en el nido, envía tweets o gorjeos para reclamar alimento. Es un piar débil. En la web 2.0, los tweets son breves y alcanzan sólo a los contactos predefinidos, sin perjuicio de que éstos los reenvíen.

  Hall, Eleanor, Politics in the youtube age: transforming the political and media culture?, University of Oxford: Reuters Institute for the study of Journalism,  2009.

 

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